Yaracuyanos debaten cómo recuperar la salud después de padecer COVID-19

Prensa Mincyt/Karina Depablos.- En el marco del V Congreso Venezolano de Ciencia, Tecnología e Innovación (Covecyti), más de 60 profesionales, investigadores/as, innovadores/a, así como estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy participaron en el conversatorio denominado “Alimentación, salud y vida en tiempos de pandemia. Una perspectiva para el buen vivir”.

De acuerdo con Trino Barreto, presidente del Centro de Investigaciones del Estado para la Producción Experimental Agroindustrial (Ciepe), esta actividad tuvo como objetivo difundir orientaciones a la comunidad para cuidar la salud individual y colectiva luego de enfrentar y superar la COVID-19.

“La humanidad está viviendo tres etapas fundamentales: la etapa pre-COVID-19, COVID-19 y la pos-COVID-19. La primera tiene que ver con las medidas básicas de bioseguridad y cómo intentamos escapar del contagio del SARS-CoV-2; la segunda, cuando nos contagiamos y se nos hace imperativo tratar de controlar el miedo y la depresión, porque esto baja las defensas del cuerpo y te agrava más”, manifestó.

En cuanto a la etapa pos-COVID-19, Barreto explicó que al inicio de la pandemia nadie tomaba en cuenta esta situación; pero, con el pasar del tiempo y con el incremento del número de muertes por complicaciones, luego de padecer el nuevo coronavirus, la población ahora ha centrado su atención en recuperar su salud luego de la enfermedad. 

“Hay muchos casos de muertes por complicaciones porque la gente, aunque supera la enfermedad, se descuida y entra en colapso por afecciones respiratorias, hepáticas o cardíacas. La clave es la alimentación en el proceso pos-COVID-19; las personas deben llevar una dieta nutritiva y balanceada con muchas frutas, vegetales y verduras. Comida y cocina al natural, mucho reposo y evitar el estrés”, enfatizó.

Aseveró que, lamentablemente, el modelo de desarrollo capitalista restringe a la población mundial en el acceso a alimentos sanos y variados, debido a que de las 260 mil especies vegetales con potencial de consumo solamente se ingieren 10.

“Aunque el capitalismo es un mecanismo perverso que está en decadencia ha causado que la gente sea más vulnerable, y ahora con la pandemia, la crisis mundial se ha recrudecido. La humanidad está atravesando un proceso de deterioro alarmante de sus relaciones con la naturaleza. La pandemia nos llama a repensar el modelo civilizatorio actual”, afirmó Trino Barreto.

En este  sentido, comentó que el Centro de Investigaciones del Estado para la Producción Experimental Agroindustrial trabaja en una propuesta de una sopa deshidratada llamada “anti-COVID-19”, enriquecida con colágeno y diversos vegetales autóctonos.

 “Con una hornilla eléctrica se pueden preparar 4 o 5 porciones por sobre. Es una sopa deshidratada como las sopas comerciales que vienen en sobrecito, pero sirve para los pacientes positivos con COVID-19. Con este proyecto se pueden reducir los costos de la alimentación de los pacientes en los centros centinelas. Es una propuesta innovadora hecha por venezolanos”, destacó.

Así nació y así se anuncia la gesta llamada «Cayapa Heroica»

Texto original de LaInventadera.com

La clásica historia: un ejército de chamos y chamas reconstruye y rehabilita artefactos ahí donde «dicen» que todo es desánimo y destrucción, y casi nadie se entera

Gustavo Mérida / Fotos: Candi Moncada

Todos los días llueve, pero seguro, hoy no llueve. O no importa. Es una manera de olvidar el paraguas y devolverse por el tapabocas. Caracas, dicen, tiene una luz especial en noviembre, y a este año de Dios o de saltos, y de santos, le alcanza para hacer, al menos, una cuarentena más. En la avenida Sucre, afuera de la Clínica Popular de Catia, la cola estaba más o menos; “para rayos x”, me dijo la señora, última de la fila. La entrada de emergencias está más abajo.

Después fue mediodía, como será mañana. Afuera, un tipo vestido como médico –o enfermero- vendía café en la plazoleta. Todo estaba húmedo. “No puede estar aquí”, me dijo la señora, otra señora, sin dejar de caminar, sin mirarme. Antes, dos funerarios esperaban poder meter al cadáver en la urna de metal. La lluvia parece detener algo, allá, dentro de la Clínica. Por eso estamos en esta plazoleta, comprando un café, que no hay punto de venta, dice el vendedor uniformado, entonces un pago móvil, pienso, y a quién le pido y ya se lo hago señor y me voy sin café a molestar a alguien para que lo haga.

Andando

Adentro de la clínica quedó Bruce, que es un joven, ingeniero, graduado en la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada de Venezuela (UNEFA). Usa lentes, es callado, es venezolano. Viste franela y jeans. Junto a Miguel Ojeda y Wladimir Yànez, que también andaban vestidos, y que también son venezolanos, andan con maletines y bolsos y equipos en una movida científica y esa mañana, aquella mañana, cambiaron el “apresto operacional” de esa área del centro de salud, también con cola por la entrada de emergencias. Me tomaron la tensión, probando el equipo. Se tomaron la tensión. La enfermera, después, comprobó. “Ajá. ¿Y qué tenía?”.

Si usted ve a una pila de gente empujando un carro que se quedó sin gasolina, por ejemplo, eso es una “cayapa”. Si otra pila, de otras gentes, hace otras cosas contra un ser humano, también se le llama igual. Se adjetiva cuando lo merece: solucionar el conflicto con los sensores de temperatura de una incubadora mientras esta está ocupada por un pequeñísimo ser humano, tiene una pequeña dosis de heroicidad. O grande; la dosis, dicen los médicos, es la clave.

La Cayapa heroica

Candi Moncada, mamá de Arel Ramsés, no se quita el tapabocas, no se queda quieta, recoge los platos de cualquier almuerzo breve, y con mucho amor y desprendimiento, le da una tajada, completa, a su hijo. Un trozo de plátano frito que, como acompañante, es insustituible. Toma fotos de una flor, carga un bolso que es un morral, suena sus huesos, ordena su cama. Su verbo atraviesa bozales. Toma fotos de todo. Mide el feminismo y el extremismo mezclando la ciencia, la etnografía y los silencios.

Esa mañana, en la clínica popular de Catia, ella saca un termo de café que preparó su madre, lo reparte con galletas, carga alcohol, rocía, nos rocía. Voy y vengo, andando y desandando los pasillos. Ya no hay cola afuera, llueve, deja de llover. Los funerarios desinfectan la carroza. “Peligro, planta eléctrica”; “Peligro, gases medicinales”, más y más carteles de advertencia, en letras negras sobre fondo amarillo, óxido nitroso, cuarto de bombas, una camilla mojada y adentro, tres jóvenes, en cayapa, destapan equipos, leen manuales, llaman por teléfono, sacan la pieza o parte que le falta a algún aparato de este centro de salud, lo arreglan y se van. Así de simple.

 El trabajo se hace en la oficina de Servicios generales o mantenimiento. Una trabajadora come comida que llevó de su casa: arroz, plátano (tajada), caraota, huevo, carne mechada. Ya es mediodía.

¿Cómo llegaron aquí?En 2018, nos relata Candi Moncada, el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, organiza todos los entes que hacen vida en el estado en las Mesas de Ciencia y Tecnología. “Dispongamos de esos conocimientos para resolver los problemas de este estado”.  La cantidad de incubadoras fuera de servicio, porque no tenían servicio técnico autorizado, era “inmensa”, dentro de una larga lista de debilidades. Una empresa extranjera era la responsable de ese servicio; las incubadoras son importadas desde Argentina, y el convenio lo incluye. Llegó Mauricio Macri y se acabó el convenio. Muy conveniente. Y así en otras áreas.

Desde uno de los viceministerios de Ciencia y Tecnología, reflexionan. “Tenemos técnicos en electrónica, telecomunicaciones, fotónica; tenemos un laboratorio de electrónica con capacidad de producir cualquier dispositivo electrónico. Si la falla es electrónica, nosotros podemos, al menos, diagnosticar para ver cuál es el problema”.

Tres meses después, los investigadores, con su metodología, empezaron a trabajar. Ese viceministerio lo dirige una mujer. Madre, como Candi.

Meterle mano

“Cuando las dos primeras incubadoras llegan al Cendit (Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Telecomunicaciones) nadie sabía de equipos médicos”. En diez días se encontró la falla y salieron operativas. Esas eran del hospital Victorino Santaella, en la capital del estado. Después de eso, empezó la fiesta: equipos y más equipos que llegaban al Cendit, del Materno Infantil de Petare, por ejemplo.

Pero en el Cendit son poquitos, es un laboratorio pequeño, porque es un centro de investigación. Cuando empezaron a llegar camiones repletos de incubadoras, de tensiómetros, lámparas de fototerapia y un montón de cosas más, se dieron cuenta de que la tarea era grande. “Es en ese momento cuando nace la Cayapa”, relata Moncada, inquieta, viendo todo, atenta a los detalles. Nacen las alianzas; primero, con Industrias Canaima, que mandó dos técnicos a “aprender el camino que ya habían recorrido”.

“Ahorita, todos los entes de Ciencia y Tecnología están a disposición de la Cayapa, de una u otra forma”. Ipostel, por ejemplo, brinda el apoyo para el transporte y traslado de equipos y componentes. A tres años de la firma de ese convenio entre la Gobernación de Miranda y el Ministerio de Ciencia y Tecnología, se ha expandido a todo el territorio nacional; hemos formado personal técnico en otros estados, Lara y Nueva Esparta; de allí han ido a Sucre y de Lara a Portuguesa y Yaracuy”.  

La corrupción, o tal vez solo la desinformación, choca con la Cayapa. En Lara, por ejemplo, se repararon unos nebulizadores. Una sobrina de uno de los técnicos, necesitó esa terapia y acudió al hospital en donde trabajó su tío. Al llegar, le dijeron que los nebulizadores estaban dañados. “¡Pero si mi tío lo arregló hace dos días!”.

Tenían tanto tiempo fuera de servicio, que “seguían así”. Antes, nadie se atrevía a meterle mano a un equipo médico. “Atreverse es un acto transformador”, afirma Moncada. La sensibilidad es distinta. No es lo mismo reparar un decodificador, una tarjeta electrónica, que un equipo del que dependa una vida.

La cayapa, en sí misma, no es el trabajo. Son profesionales investigadores, con proyectos de investigación, construyendo dispositivos, diseños. Son dos chambas a la vez. El pago móvil se hizo. Si usted anda por la avenida Sucre, de Catia, llegue a la plazoleta. Hay uno pago, pequeño.