
Desde 1969, el 17 de mayo de cada año, se celebra el día mundial de las telecomunicaciones, fecha que conmemora la fundación de la Unión Telegráfica Internacional (UTI) en Paris en 1865 y que posteriormente, en 1934, adoptara el nombre de Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Esta organización intergubernamental, la más antigua de las Naciones Unidas prevé, entre otros aspectos: promover el desarrollo y el funcionamiento eficiente de las instalaciones de telecomunicaciones, lograr que el beneficio de las nuevas tecnologías lleguen a toda la gente, etc.
El término telecomunicación fue definido por primera vez en la reunión conjunta de la XIII Conferencia de la UTI (Unión Telegráfica Internacional) y la III de la URI (Unión Radiotelegráfica Internacional) que se inició en Madrid el día 3 de septiembre1932. de
La definición entonces aprobada del término fue: Telecomunicación es toda transmisión, emisión o recepción, de signos, señales, escritos, imágenes, sonidos o informaciones de cualquier naturaleza por hilo, radioelectricidad, medios ópticos u otros sistemas electromagnéticos afines, inventados o por inventarse. Esta definición permanece aún en vigencia y la recoge la Ley Orgánica de Telecomunicaciones (LOTEL) en su Artículo 4.
Las telecomunicaciones, tal como la conocemos hoy día, son evidentemente el resultado del esfuerzo de muchas personas, entes gubernamentales y de la sociedad en general. Lamentablemente también hay que acotar que actualmente, en muchos países del mundo, las telecomunicaciones persiguen más un interés económico que un verdadero desarrollo social de los pueblos.
Recordemos entonces algunos acontecimientos científicos y tecnológicos que dieron origen a las telecomunicaciones tal como las conocemos hoy.
UN POCO DE HISTORIA
La era “moderna” de la electricidad y el electromagnetismo, comienza talvez con MICHAEL FARADAY. Nació en Inglaterra y vivió en el período 1791-1867. Realizó importantes contribuciones en el campo de la electricidad, siendo el principal descubrimiento el de la inducción electromagnética en 1831, base fundamental en el desarrollo moderno del electromagnetismo. Este científico fue sin duda el precursor de lo que sería más adelante la “explosión” del conocimiento práctico en materia de motores y otras máquinas electromagnéticas.
Para darle coherencia y fuerza a los distintos descubrimientos que se venían efectuando, hacía falta un desarrollo de las matemáticas que facilitara la elaboración de modelos que explicaran mejor los distintos fenómenos observados. Esta fue la obra magistral del físico inglés JAMES CLERK MAXWELL, quien, en 1873, publicó su obra Treatise on Electricity and Magnetism, en la cual justifica matemáticamente conceptos físicos cualitativos, como los fenómenos de inducción electromagnética enunciados por Michael Faraday. En su tratado Maxwell introduce el concepto de onda electromagnética como una solución a sus célebres ecuaciones (ecuaciones de Maxwell)
y que explican la interacción entre la electricidad y el magnetismo. El concepto de propagación de ondas también es una consecuencia de las ecuaciones de Maxwell y aparece fundamentalmente como una solución matemática; sin embargo, su existencia fue corroborada por Heinrich Hertz en 1887, ocho años después de la muerte de Maxwell. Desde entonces las ecuaciones de Maxwell son la herramienta fundamental para todo desarrollo en materia de telecomunicaciones y han cobrado un auge muy importante en los últimos 20 años con el desarrollo del computador ya que, por lo general, el tratamiento de estas ecuaciones se hace por vía numérica a través de las herramientas computacionales.
Otro de los pioneros en el desarrollo moderno de las telecomunicaciones es el físico aleman HEINRICH RUDOLF HERTZ, quien vivió en el período 1857 - 1894. Entre 1885 y 1888 fue el primero en demostrar la existencia de la radiación y de la propagación de ondas electromagnéticas, cuando era profesor en la universidad de Karlsruhe. Hertz probó experimentalmente lo que las ecuaciones de Maxwell previeron matemáticamente en cuanto a la propagación de las señales electromagnéticas. Esto fue sin duda un catalizador que impulso muy fuerte el desarrollo de las telecomunicaciones ya que solo faltaba madurar las herramientas tecnológicas que vendrían más tarde.
Faraday, Maxwell y Hertz habían dado su contribución muy importante para generar esa maravillosa oportunidad de poder transmitir información a distancia. Sin embargo, tal como es natural en todo proceso evolutivo, hacía falta el aporte de otras personas. Es el caso del físico ruso ALEXANDER STEPANOVICH POPOV, quien vivió en el período 1859 – 1906. Fue el inventor de la antena, herramienta fundamental para la transmisión de señales electromagnéticas. Construyó el primer receptor de radio en 1894, época en la cual Marconi también realizaba investigaciones independientes que le permitieron transmitir información de forma inalámbrica.
Con los descubrimientos y contribuciones ya señalados, la era de la radio se veía muy cerca, este mérito le corresponde a GUGLIELMO MARCONI, quien vivió en el período 1874 – 1937. Marconi fue Premio Nobel de Física en 1909 por el desarrollo de un sistema telegráfico. Es conocido como el padre de la radio y de las telecomunicaciones inalámbricas ya que fue el primero en depositar una patente en julio de 1897. Esta denominación (padre de la radio y de las telecomunicaciones inalámbricas) es contestada ya que, históricamente se le considera a POPOV como la primera persona quien hizo un sistema para transmisión y recepción de señales electromagnéticas por vía inalámbricas. Sin embargo, fue Marconi quién dio inicio al desarrollo comercial de la Radio.
Otra persona que contribuyó notablemente al nacimiento de las telecomunicaciones fue ALEXANDER GRAHM BELL, nació en 1847 (Escocia) y murió en 1922 (Canada). Se le atribuye históricamente la invención del teléfono, ya que construyó el primero en Boston en 1876. Actualmente se sabe que plagió el invento de Antonio Meucci.
El teléfono ha sido obviamente un elemento fundamental en el desarrollo de las telecomunicaciones, en cuanto a la prestación de servicios. Hacia 1854, ANTONIO MEUCCI construyó un aparato que, según se dice, fue el equipo precursor del teléfono,
este equipo era completamente mecánico. Meucci, para la época no tenía los medios económicos para patentar su invención y trató de desarrollarlo a través de una empresa quien no le prestó la atención debida, pero que tampoco le devolvió los materiales. Por alguna razón, éstos cayeron en manos de Alexander Gram. Bell, quien posteriormente presentó la invención del teléfono como propia. En junio de 2002 el Congreso de Estados Unidos de Norte América aprobó la resolución 269 mediante la cual reconoce que el inventor del teléfono fue Meucci.
Hemos visto que a principios del siglo XX se tenían echadas las bases para un desarrollo sostenido de las telecomunicaciones en cuanto a la creatividad científica y tecnológica. Pero a la par con este auge de la ciencia y la tecnología, va apareciendo el componente mercado que comienza a ver en las telecomunicaciones un elemento de crecimiento económico (bajo el modelo de incremento de ganancia), más que de un crecimiento social.
En nuestro país, como en muchos otros, se comenzaba a sentir, en la tercera y cuarta década de 1900, la influencia de aquel florecimiento del electromagnetismo que a finales del siglo XIX ya había creado los elementos esenciales para que se construyeran las telecomunicaciones, tal como las conocemos hoy.
Los estudios formales de ingeniería eléctrica en Venezuela se iniciaron en el año lectivo 1947-48, recién cuando en Estados Unidos se inventaba el transistor, unos sesenta años después de los primeros cursos en Cornell y el MIT. La Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la UCV fue la sede de los primeros cursos.
Es importante notar que, desde el primer pensum de estudios con que se abren los estudios de ingeniería eléctrica en Venezuela, se encuentran ya incorporados los estudios de electrónica. Entre tercero y cuarto año de la carrera se veían tres cursos de electrónica con sus respectivos laboratorios con carácter de materias obligatorias. En ese primer plan de estudios se dio mucho énfasis en la formación en los nuevos campos del conocimiento. Posteriormente ese criterio se modificó en función de darle más peso al campo de la potencia y para 1950 "Electrónica" desaparece como materia obligatoria y se incorpora como materia electiva junto con otras tales como: "Televisión", "Radiotransmisión" y "Comunicaciones Eléctricas".
En 1959-60 se da impulso a la parte de telecomunicaciones, pues se incorporan a nivel de cuarto y quinto año varias materias directamente relacionadas con esta especialidad. Sin embargo esto no dura mucho, pues en 1963 se reduce el peso específico de las telecomunicaciones, esto en cuanto al número de materias obligatorias.
En septiembre de 1962, se crea la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la Universicdad Central de Venezuela, la cual quedó constituida por tres departamentos.
A partir de 1960 los laboratorios de investigación en todo el mundo comienzan a trabajar en protocolos que unifiquen las telecomunicaciones y la informática, aparecen las redes de conmutación de paquetes y el uso de las comunicaciones satelitales.
Los años 70 conocen el surgimiento de las redes de comunicación que utilizan el computador, dando así un impulso considerable a lo que sería las telecomunicaciones modernas. Aparece ARPANET (Advanced Research Projects Agency Network), que dio origen más tarde a la INTERNET. Dado que las telecomunicaciones comienzan su camino hacia la mundialización, se hace necesario crear la normalización apropiada para que el desarrollo sea de manera coherente y compatible en todo el mundo. Así el CCITT produce estándares para la normalización de las redes de conmutación de circuitos y la Organización Internacional para Estandarización crea el modelo OSI (Open Systems Interconection).
En los años ochenta las computadoras personales se volvieron populares, aparecen las redes digitales y las redes de telecomunicaciones comienzan a hacerse omnipresentes.
En la última década del siglo XX aparece la internet, que se expandió enormemente y a principios del siglo XXI estamos viviendo los comienzos de la interconexión total, a través de todo tipo de dispositivos que son cada vez más rápidos, más compactos y más poderosos.
Venezuela, en años anteriores, ha tenido algunas iniciativas desarticuladas de inversión en materia de telecomunicaciones, pero una práctica común encontrada en esas políticas, consistía en una ausencia de incentivos para la creación de empresas de desarrollo tecnológico. Proliferaban las iniciativas de negocio denominadas de integración o simplemente pequeñas o grandes empresas que solo eran intermediarios con los centros internacionales productores de tecnologías, lo cual arrojaba grandes ganancias (la ganancia vista en términos económicos, representaba el indicador más importante para medir el rendimiento de una empresa, no existía el aspecto social…).
Aunado a lo anterior, existía el concepto de “lo mejor es lo importado” lo cual se combinaba también con incentivos gubernamentales para favorecer las importaciones ya que, en sus conceptos, era la mejor manera de desarrollar el país.
Lo cierto es que esta práctica, llevada a cabo durante muchos años, contribuyó considerablemente a impedir que las ideas nacientes tomaran fuerza ya que existía el temor de no contar con una aceptación nacional y el Estado dirigía su mirada hacia el exterior cada vez que sentía la necesidad de adquirir tecnologías, se favorecía la “ley del libre mercado y la competencia” y así muchas otras cosas.
El resultado de todo este compendio de situaciones que se manifestaron durante muchos años, es un país con “artritis tecnológica” la cual estuvo a punto de hacerse crónica por la falta de movimiento de las articulaciones. Las universidades tradicionales (y con ellas sus profesores y alumnos) dirigieron su concavidad hacia adentro convirtiéndose en conjuntos cerrados que, hasta la actualidad, no dejan de involucionar y con gran temor de ponerse al frente de la realidad del país.
En el ámbito universitario, es común encontrarse con la siguiente situación: la universidad manifiesta que la empresa no acude a ella para plantear sus problemas, y la empresa hace la observación de que la universidad no acude a la empresa para poner en práctica sus inventos e investigaciones. En consecuencia, cada quien espera
por el otro sin que exista, además de las acusaciones recíprocas, un margen de soluciones al verdadero problema el cual es crear soberanía tecnológica.
Con la llegada de la Revolución Bolivariana las cosas han cambiado, existe una clara y sostenida política encaminada hacia el desarrollo tecnológica del país. Esto se manifiesta a través de leyes, la creación de fondos nacionales, la creación de nuevas universidades, la creación de centros nacionales de desarrollo e investigación y otros instrumentos e instituciones encaminados a facilitar el buen desenvolvimiento de acciones inherentes a este proceso de desarrollo. Otro elemento que sin duda es indicador de la voluntad del gobierno en impulsar el desarrollo científico-tecnológico del país, es el fuerte incremento que ha experimentado en los últimos años el porcentaje del PIB dedicado a la educación pública y a la investigación.
No obstante, se hace imprescindible tomar en cuenta la historia reciente vivida en materia de creatividad y desarrollo industrial. En Venezuela han existido iniciativas anteriores tendentes a generar (en el ámbito de la producción) soluciones tecnológicas en materia de electrónica y telecomunicaciones. Sin embargo, estas no han prosperado debido a tres elementos fundamentales:
- La falta de confianza tanto de la población en general, como de la parte oficial, en los productos venezolanos (nuevamente encontramos aquí el tema de lo “importado es lo mejor”);
- El famoso tema de la “economía de mercado” esto fue mortal para aquellos venezolanos que quisieron aportar sus ideas y parte de sus economías en desarrollos tecnológicos. Se decía con frecuencia que tal o cual producto no era rentable porque no existía mercado, en consecuencia resultaba más económico comprar lo que producían las empresas transnacionales. Esta práctica impidió el nacimiento de empresas de desarrollo y solo dio paso a las famosas integradoras o ensambladoras.
- No había voluntad ni autonomía política que permitiera impulsar verdaderos programas de desarrollo nacional. Se seguían a ciegas los lineamientos del fondo monetario internacional que solo perseguía mantener los países emergentes como sus mercados abiertos para ellos vender sus productos e impulsar con mayor fuerza el desarrollo de sus países.
Aún cuando estas ideas: el mercado, la libre competencia, lo importado es lo bueno, etc, subyacen en la mentalidad y la cultura de muchos compatriotas, nosotros quienes creemos por convicción y por idealismo en este proceso revolucionario, estamos seguros que llego la hora de que Venezuela despegue definitivamente hacia un verdadero desarrollo social, político y económico. Este proceso se inició con muchas dificultades hace cerca de 10 años y se encuentra actualmente en plena efervescencia “pariendo” las soluciones que demanda nuestro pueblo.
La República Bolivariana de Venezuela, como país emprendedor, ha decidido enfrentar su propio destino en materia de desarrollo científico y tecnológico, lo cual incluye evidentemente el campo de las telecomunicaciones, todo ello con el propósito fundamental de apoyar el crecimiento social, político y económico de la nación y de los países hermanos de la región.
Es así como, desde 1999, se trabajó en primer lugar sobre el instrumento legal que daría un marco jurídico a este proceso de crecimiento de las telecomunicaciones en Venezuela, promulgándose en junio de 2000 la Ley Orgánica de Telecomunicaciones (LOTEL).
La LOTEL fue un proyecto liderado por el Ingeniero Jesse Chacón (hoy ministro del MPPCTII, Gerente General de Operaciones de CONATEL para el momento de la promulgación de la Ley) y contó con la participación de un amplio sector nacional que incluyó: el Estado, las empresas operadoras de servicio de telecomunicaciones, las empresas de tecnologías, la academia y la Fuerza Armada Nacional.
Esta ley (aun vigente) contiene los elementos básicos que soportan un verdadero desarrollo de las telecomunicaciones, no solamente desde el ámbito legal, sino también desde el punto de vista económico. Así se crea el Fondo de Servicio Universal y el Fondo de Investigación y Desarrollo de las Telecomunicaciones (FIDETEL). Con este último fondo, se dispone de los recursos económicos necesarios para realizar las inversiones que se necesitan para crear laboratorios nacionales, así como aportar una contribución significativa a la formación del talento humano nacional.
A raíz de este proceso iniciado a finales del año 1999 y principios de 2000, se pone en marcha una estrategia nacional que conlleva a la creación de centros especializados y el reforzamiento de otros ya existentes. Es así como, en 2005 se crea la Fundación Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Telecomunicaciones (CENDIT), encargado de desarrollar, con talento nacional, las tecnologías de telecomunicaciones que requiere el país para lograr la independencia tecnológica en este sector.
El CENDIT inicia formalmente operaciones en septiembre de 2006 (con 5 personas), hoy la familia cuenta con más de 30 personas y ejecuta más de 9 proyectos de alto impacto nacional, entre los cuales se encuentran:
- La creación de un laboratorio de certificación de equipos de telecomunicaciones cuyo eje fundamental está basado en una cámara semianecoica. Este laboratorio, conjuntamente con otros en el ámbito nacional, pretende aportar al país las potencialidades requeridas para que se realicen en Venezuela las pruebas necesarias para homologar (tal como lo exige la LOTEL) los equipos destinados principalmente a los usuarios y usuarias de los servicios de telecomunicaciones.
- La incubación de la empresa INVETEL (Industrias Venezolanas de Telecomunicaciones), la cual tendrá como objetivo fundamental producir, a escala, los prototipos industriales que desarrolle el CENDIT. Actualmente se trabaja sobre prototipos de antenas parabólicas para las distintas bandas de
frecuencia en las que opera el satélite Simón Bolívar. Se diseñó, simuló y construyó una antena parabólica de 3 metros de diámetro en la banda C; fue probado en la estación terrena de Camatagua y en estos momentos se está desarrollando la versión industrial que será reproducido por INVETEL en 2010. Se está culminando igualmente el prototipo de 2,4m de diámetro, también en banda C con fines una producción masiva en apoyo a CANTV.
- Otros prototipos que están en pleno desarrollo: maqueta de simulación de redes de fibra óptica (en apoyo al laboratorio de fotónica), antena sectorial de TX-RX para telefonía móvil celular, antena tipo dipolo con gran ancho de banda para radio y TV digital, laboratorio de SAR, sistema electrónico para el acoplamiento automático de impedancias, etc.
- Construcción de un laboratorio de fotónica, el cual se orienta a generar en el país los conocimientos requeridos por las empresas nacionales para desplegar los servicios de telecomunicaciones basados en fibra y comunicaciones ópticas inalámbricas.
- Consciente de que el talento humano es la clave del éxito en todo proceso de revolución industrial, el CENDIT dirige el proyecto para la creación de la Escuela Superior de Telecomunicaciones e Informática. Este un proyecto conjunto entre el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias (MPPCTII), y el Ministerio del Poder Popular para las Telecomunicaciones e Informática (MPPTI). Se cuenta igualmente con el apoyo fundamental del ministerio del Poder Popular para la Educación Superior (MPPES).
- Dado que el CENDIT es un proyecto en pleno desarrollo, se trabaja de manera sostenida en la culminación del mismo, el cual formara parte del parque tecnológico que desarrolla el MPPCTII.
Con estas iniciativas que han generado resultados concretos en materia de desarrollo científico, tecnológico e industrial, Venezuela da un paso al frente y se pone a la vanguardia de su propio desarrollo, por eso podemos decir, en el CENDIT, que estamos construyendo la soberanía en telecomunicaciones.